Primeros de año siempre es una buena fecha para reflexionar acerca del rumbo que ha tomado nuestra empresa en el último año. Disfrutar de las cosas que hemos hecho bien y plantear nuevas estrategias para las que no han salido como queríamos.

Es importante que este momento de reflexión no sea algo tan subjetivo que se deje llevar por nuestras energías positivas para el año que comienza, ni por la pesada resaca de las fiestas que hemos pasado. La pregunta que se nos plantea es «¿cómo objetivamos las reflexiones?» 

Busquemos la belleza de los números. Comencemos por enumerar los valores de nuestra empresa, tres, cinco, siete, los que sean… y asignemos tres conductas que hemos realizado este año para potenciar cada uno de ellos. Es importante que sean conductas, indicadores medibles y objetivables. Y, como no, pongámosles un bonito lazo. Voilà.

Valor: Innovación

Indicador 1: He investigado dos programas nuevos para diseñar presentaciones. Uno, lo descarté porque no aportaba mucho. El otro, estoy pendiente de aprobación de presupuesto para adquirirlo.

Como vemos es un estupendo ejercicio de reflexión para iniciar con fuerza el año nuevo.

Sed felices.